Una suave brisa acaricia el prado asturiano esta mañana, la hierba alta, los dientes de león y las margaritas se alzan, en la distancia se aprecia el corte con el acantilado y el mar, tumbada en la hierba, mirando al cielo, las margaritas por encima de la cabeza se mecen con el viento.
Dicen que si no tienes hortensias en casa no tienes casa asturiana, aunque también dicen que una casa con hortensias no quiere casar, es decir, que si hay hortensias no hay boda. Yo prefiero quedarme con el primer dicho porque no conozco nada tan bonito como las bolas de hortensias a la puerta de una casa.
Es agosto, ha llegado mi primo y me viene a buscar con su bicicleta con pastillas de freno hechas con corchos de botellas de sidra, ¡vamos, que ya tengo el bote! Nos vamos a la vera del monte, allí, por los caminos que bajan a Barayo, nuestra playa, con un bote de cola-cao vacío y limpio aprovechamos para ir parando cada poco a recoger moras, una para la boca, dos para el bote, de ahí haremos un pastel, bueno… nos lo hará mamá o madrina ¡o ambas!
Classy es un papel con el que Elena Tablada quería aunar motivos botánicos y desgastados, simulando los papeles más tradicionales. Esos que se encuentran en las restauraciones de casas antiguas, debajo de capas y capas de papeles con años de historias y vivencias en sus paredes.
Disponible en azul demin, verde y gris
Siempre asturianos, salgo de casa, doblo la esquina y los helechos coronan toda la parte alta del muro del vecino, un muro viejo, sabio y con mucho que contar. Si giro en el camino hay helechos por las esquinas bajas, entre pizarras y arcillas, siempre creciendo, año tras año, ayudando a nuestro mundo con su forma de purificar el aire, cuando veo helechos pienso en mi pueblo, en mi niñez, en lo que ha quedado atrás y es como volver a casa.
Nunca olvidaré la época en que montaba a caballo, cuando con mi yegua Tussa salía a recorrer los prados y también las montañas, cuando iba con mi hermana y mi cuñado y un puñado de amigos a bajar los caballos de la montaña para la rapa, en esos momentos en medio de la montaña, en lo alto, rodeada del brezo más verde, más granate, me sentía libre, con el viento ya algo frío del otoño o del final de la primavera en la cara y con las vistas infinitas de los valles morados por el brezo en la distancia.